VIA CRUCIS 2024:
"En oración con Jesús en el camino de la cruz"
Papa Francisco
Sexta Estación: Jesús recibe el consuelo de la Verónica que le enjuga el rostro
Bendito sea Dios […] Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo […]. Porque así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo (2 Co 1,3-5).
Jesús, son tantos los que asisten al bárbaro espectáculo de tu ejecución y, sin conocerte y sin saber la verdad, emiten juicios y condenas, arrojando sobre ti infamia y desprecio. Sucede también hoy, Señor, y ni siquiera es necesario un cortejo macabro; basta un teclado para insultar y publicar condenas. Pero mientras tantos gritan y juzgan, una mujer se abre paso entre la multitud. No habla, actúa. No protesta, se compadece. Va contra la corriente, sola, con la valentía de la compasión; se arriesga por amor, encuentra la manera de pasar entre los soldados sólo para brindarte el consuelo de una caricia en el rostro. Su gesto pasará a la historia y como un gesto de consuelo. ¡Cuántas veces habré invocado tu consuelo, Jesús! Y ahora la Verónica me recuerda que tú también lo necesitas. Tú, Dios cercano, pides mi cercanía; tú, consolador mío, quieres ser consolado por mí. Amor no amado, buscas aún hoy entre la multitud corazones sensibles a tu sufrimiento, a tu dolor. Buscas verdaderos adoradores, que en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23) permanezcan contigo (cf. Jn 15), Amor abandonado. Jesús, enciende en mí el deseo de estar contigo, de adorarte y consolarte. Y haz que yo, en tu nombre, sea consuelo para los demás.
Oremos diciendo: Hazme testigo de tu consuelo
Dios de misericordia, que te haces cercano a quien tiene el corazón herido
Hazme testigo de tu consuelo
Dios de ternura, que te conmueves por nosotros
Hazme testigo de tu consuelo
Dios de compasión, que detestas la indiferencia
Hazme testigo de tu consuelo
Tú, que te entristeces cuando señalo con el dedo a los demás
Hazme testigo de tu consuelo
Tú, que no has venido a condenar sino a salvar
Hazme testigo de tu consuelo